Page 93 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—¿Estuviste cuando se celebraban los juegos?
—Sí. Fue cuando las cuadrigas de Alejandro
coparon los tres primeros premios, una hazaña que
superó incluso a la del gran Alcibíades. Eso sí, con unos
caballos árabes que en la época de Alcibíades ni se
conocían. —Néstor se rascó la barbilla y añadió como
de pasada—: En cambio, yo sólo conseguí quedar
segundo.
—¿Segundo? ¿En qué?
—En la prueba del dólikhos.
Clea frunció las cejas y calculó la edad de Néstor.
Era mayor que Alejandro, seguro. No tenía edad de
competir con jóvenes atletas. Al ver su gesto de
escepticismo, el médico añadió: —Es una carrera de
veinticuatro estadios, la prueba más larga de los juegos
olímpicos. La resistencia es una cualidad que aumenta
con la edad, siempre que uno la entrene. Yo corro todos
los días más de cincuenta estadios. —Haciendo un
gesto que abarcaba toda la cubierta, añadió—: Salvo
cuando estoy en un sitio tan concurrido como éste.
A Clea se le ocurrió algo, pero cuando estaba a
punto de decirlo enrojeció un poco más y se llevó la
mano a la boca.
—¿Qué? —preguntó Néstor—. ¿Es que no me
crees?
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