Page 881 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Gorgo le desgarró la túnica interior e hizo una bola
con el jirón para tratar de taponarle la herida, pero era
evidente que no sabía qué hacer. La sangre brotaba en
pequeños borbotones, como hacía él cuando era niño y
cogía buches de agua para tirárselos a su hermano.
Creía haber oído que eso de los borbotones era malo.
Pero morirse no podía ser eso, no podía ser algo tan
tonto.
—Si casi no me duele... —musitó.
Alguien debió decirle a Euctemón lo que pasaba,
porque abandonó su frenesí guerrero y se acercó a
ellos. Estaba lleno de sangre, y tenía un churretón
oscuro que le colgaba de la barbilla. Daba pavor verlo.
Pero ahora dejó caer los brazos, y su escudo resbaló
hasta el suelo.
—Eute —dijo Demetrio, extendiendo la mano.
Pero Euctemón no se movió, y se quedó allí, a sólo
tres pasos, haciendo brincar los ojos entre la herida de
su hermano y el suelo. Mientras, Gorgo abrazó a
Demetrio y le apretó la cara contra su mejilla.
—Estás frío.
—Sí, tengo frío.
La vista se le nublaba. Aguantar de rodillas era ya
demasiado esfuerzo para él, necesitaba acercarse más
al suelo. Se dejó caer, y vio el rostro de Euctemón
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