Page 94 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—No es eso. —Clea soltó una risita—. ¿Es verdad

            que  los  atletas  corren...  desnudos?  —  preguntó  en


            susurros.


                  Clea enrojeció aún más. Le daba mucha rabia que le

            ocurriera, porque con su pelo rojo y su piel clara le era


            imposible disimular el rubor. Miró de reojo a Ada, que

            se dedicaba a dar vueltas a la sombrilla sobre su cabeza

            y a poner los ojos en blanco.


                  El  médico  le  contestó  también  en  susurros  y


            mirándola fijamente.


                  —Algunos  sí  y  otros  no.  Yo,  personalmente,

            prefiero hacerlo con taparrabos.


                  A Clea se le escapó un suspiro que era casi de alivio.


            El  médico  siguió  hablando,  tal  vez  por  correr  en  su

            auxilio.


                  —Podría haber ganado aquella carrera, pero no era


            mi  intención  pasar  a  la  gloria.  Ser  el  médico  de  tu

            esposo  ya  me  da  bastante  riqueza  y  celebridad.  No

            necesito que mi patria me dé de cenar gratis el resto de


            mi vida. Sobre todo —añadió entre dientes— porque

            no sé cuál es. —¿Qué quieres decir?


                  Néstor  meneó  la  cabeza.  Obviamente,  se  había


            arrepentido  de  hablar  más  de  la  cuenta  y  quería

            cambiar de tema.


                  —Hmm. Alguien viene con cara de pocos amigos.



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