Page 281 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Aquellas ideas le pinchaban, le incomodaban, le hacían

            pensar en su relación con la comunidad khepri de un modo

            que no era directo, justo, confrontador. Y aquello le forzaba

            a recordar su niñez.



                Tras terminar cada día con el señor Motley, Lin visitaba

            Kinken.  Lo  dejaba  y  cogía  un  taxi  desde  el  límite  de  las

            Costillas, dejando atrás Danechi y el puente Barguest hasta

            llegar a los restaurantes, oficinas y casas de Hogar de Esputo.


                A  veces  se  detenía  en  el  bazar  y  se  tomaba  su  tiempo

            vagando  bajo  sus  luces  mortecinas.  Sentía  los  trajes  y
            chaquetas de lino colgados de los puestos, ignorando a los

            viandantes que la miraban descorteses, preguntándose por la

            khepri que compraba ropas humanas. Vagaba por el mercado

            hasta que llegaba a Sheck, denso y caótico, con intrincadas

            calles y grandes apartamentos de ladrillo.

                Aquello no eran barrios bajos. Los edificios de la zona

            eran  sólidos,  y  la  mayoría  mantenía  fuera  la  lluvia.

            Comparado con el suburbio mutante que era la Perrera, con

            la putrefacta pulpa de ladrillo de Malado y Campanario, con

            las  chabolas  desesperadas  de  Salpicaduras,  Sheck  era  un

            lugar  deseable.  Algo  atestado,  por  supuesto,  y  no  sin  sus

            borrachos,  su  pobreza  y  su  delincuencia.  Pero,  teniéndolo

            todo en cuenta, había sitios mucho peores en los que vivir.
            Allí era donde moraban los tenderos, los pequeños directivos

            y  los  trabajadores  fabriles  mejor  pagados  que  cada  día

            poblaban los muelles de Ecomir y Arboleda, Gran Aduja y

            el  Didacai,  conocido  por  todos  como  el  Meandro  de  las

            Nieblas.

                Lin no era bienvenida. Sheck lindaba con Kinken, del que



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