Page 282 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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lo separaba solo un par de parques insignificantes. Las khepri
eran un recordatorio constante para aquella zona de que no
podía ir muy lejos. Las mujeres insecto inundaban las calles
de Shek durante el día, abriéndose paso hasta el Cuervo para
comprar o tomar el tren de la estación Perdido. Por la noche,
no obstante, había que ser una valiente khepri para pasear por
calles atestadas de pugnaces tresplumistas dispuestos a
«mantener limpia su ciudad». Lin se aseguraba de abandonar
la zona para el ocaso, porque muy cerca de allí estaba
Kinken, donde se encontraba a salvo.
A salvo, que no feliz.
Recorría las calles de Kinken con una especie de
excitación estomagante. Durante muchos años, sus viajes a
la zona habían sido breves excursiones para obtener bayas de
color y pasta, o quizá la ocasional golosina khepri. Ahora sus
visitas eran puertas abiertas a recuerdos que creía borrados.
Los edificios rezumaban la mucosa blanca de los gusanos
caseros. Algunos estaban totalmente cubiertos por aquella
pasta espesa, que se extendía por los tejados conectando los
distintos edificios en una grumosa totalidad coagulada. Podía
ver a través de las puertas y ventanas: las paredes y suelos
proporcionados por los arquitectos humanos se habían roto
en algunas zonas, lo que los gusanos caseros arreglaban
rezumando su flema desde el abdomen, recorriendo a
bocados el interior en ruinas de los edificios sobre sus
pequeñas patas.
En ocasiones, Lin alcanzaba a ver un espécimen vivo
tomado de las granjas junto al río, desarrollando la
reconstrucción de un edificio para formar los intrincados y
retorcidos pasadizos orgánicos preferidos por casi todas las
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