Page 283 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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khepri. Aquellos enormes y estúpidos escarabajos, más
grandes que un rinoceronte, respondían a los chasquidos y
tirones de sus cuidadores, abriéndose paso a través de las
casas, remodelando estancias con una cobertura de rápido
secado que suavizaba las aristas y conectaba las cámaras,
edificios y calles con lo que parecían, desde dentro,
gigantescas madrigueras de gusano.
A veces Lin se sentaba en uno de los diminutos parques de
Kinken. Se quedaba quieta entre los árboles de lento florecer
y observaba a las suyas a su alrededor. Miraba por encima de
la copa de los árboles, a los costados de los edificios más
altos. Una vez vio a una joven humana asomarse por una
ventana abierta en lo alto de un muro manchado de
hormigón, en la fachada trasera del edificio. Veía a la
muchacha observando plácida a sus vecinas khepri, mientras
la colada de su familia ondeaba al viento, tendida de una
pértiga a su lado. Una extraña forma de crecer, pensó Lin,
imaginando a la chica rodeada de criaturas silenciosas con
cabeza de insecto, algo tan extraño como si ella misma
hubiera crecido entre los vodyanoi... Pero aquel pensamiento
la llevó incómoda en dirección a su propia niñez.
Por supuesto, su viaje hacia aquellas calles despreciables
era un regreso a la ciudad de sus recuerdos. Eso lo sabía. Se
preparaba para recordar.
Kinken había sido su primer refugio. En aquella extraña
época de aislamiento, donde aplaudía los esfuerzos de las
reinas khepri del crimen y paseaba como los proscritos por
todos los cuadrantes de la ciudad (excepto, quizá, por los
Campos Salacus, donde los proscritos eran mayoría),
comprendió que sus sentimientos hacia Kinken eran más
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