Page 286 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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anunciando que su llegada a Nueva Crobuzon comenzaba un
nuevo calendario, el Ciclo de la Ciudad. Cuando la siguiente
generación exigió la historia a sus madres, muchas se
negaron y otras tantas fueron incapaces de recordar. La
Historia khepri quedó oscurecida por la sombra masiva del
genocidio.
Así que a Lin le costaba penetrar los secretos de aquellos
primeros veinte años del Ciclo de la Ciudad. Kinken y
Ensenada le eran presentados como fallas accomplis a ella, a
su madre de nido, y a la generación anterior, y a la anterior a
esa.
En Ensenada no había Plaza de las Estatuas. Hacía cien
años había sido un suburbio humano desvencijado, un
gallinero de arquitecturas encontradas, y los gusanos caseros
khepri habían hecho poco más que recubrir aquellas casas en
ruinas con cemento, petrificándolas eternamente en el punto
del colapso. Las moradoras de Ensenada no eran artistas ni
dueñas de bares de frutas, ni jefas de enjambre, ni ancianas
de colmena ni tenderas. Tenían mala fama y pasaban hambre.
Trabajaban en las fábricas y las alcantarillas, se vendían a
quien pudiera pagarlas. Las hermanas de Kinken las
despreciaban.
En las calles decrépitas de Ensenada florecían extrañas y
peligrosas ideas. Pequeños grupos de radicales se reunían en
lugares secretos; los cultos mesiánicos prometían liberación
para las elegidas.
Muchas de las liberadas originales habían vuelto la
espalda a sus dioses de Bered Kai Nev, que no habían
protegido a sus discípulas de la Voracidad. Pero las
generaciones subsiguientes, que no conocían la naturaleza de
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