Page 288 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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enseñado  que  era  una  caída  en  desgracia.  La  lánguida

            doctrina del Aspecto de Insecto era que las mujeres khepri

            estaban malditas. Algún vil defecto por parte de la primera

            mujer había condenado a sus hijas a una vida cargada con un
            ridículo y lento cuerpo bípedo, con una mente atiborrada por

            los inútiles derroteros y complejidades de la consciencia. La

            mujer  había  perdido  la  pureza  del  insecto  de  la  que

            disfrutaban Dios y los machos.

                La madre de nido de Lin (que despreciaba los nombres


            como  una  afectación  decadente)  le  enseñó  a  ella  y  a  su
            hermana  que  Aspecto  de  Insecto  era  el  señor  de  toda  la

            creación, la fuerza todopoderosa que conocía solo el hambre,

            la sed, el celo y la satisfacción. Había defecado el universo

            tras  devorar  el  vacío  en  un  acto  insensato  de  creación

            cósmica, más puro y brillante por estar desprovisto de fin o

            consciencia.  Lin  y  su  hermana  de  nido  aprendieron  a

            venerarlo  con  aterrorizado  fervor,  y  a  despreciar  la
            consciencia de sus cuerpos blandos, sin quitina.


                También se les enseñó a adorar y servir a sus hermanos sin

            mente.

                Recordando aquellos tiempos, Lin ya no temblaba por la

            revulsión. Sentada en aquellos recluidos parques de Kinken,

            observó con cuidado cómo el pasado se desplegaba en su

            mente, poco a poco, en un acto gradual de reminiscencia que

            requería coraje. Recordó cómo había llegado poco a poco a

            comprender  que  su  vida  no  era  normal.  En  sus  raras

            expediciones  para  comprar,  había  visto  con  horror  el
            desprecio despreocupado con el que sus hermanas trataban a

            los machos khepri, pateando y aplastando a aquellos insectos

            sin mente de sesenta centímetros de longitud. Recordó las




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