Page 290 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Se había refocilado en la arrogante denuncia de Ensenada,
había rezado a la Asombrosa Madre del Nido con vehemente
deleite. Se había bautizado con un nombre khepri y, lo que
era vital en Nueva Crobuzon, con uno humano. Había
descubierto que en Kinken, al contrario que en Ensenada, el
sistema de enjambres y colmenas creaba complejas y útiles
redes de conectividad social. Su madre nunca había
mencionado su nacimiento o su crianza, de modo que Lin
había tomado la alianza de su primera amiga en Kinken, y le
dijo a todo aquel que preguntaba que pertenecía a la Colmena
del Ala Roja, Enjambre del Cráneo Felino.
Su amiga le introdujo en el sexo por placer, le enseñó a
disfrutar del cuerpo sensual que tenía debajo del cuello.
Aquella fue la transición más difícil y extraordinaria. Su
cuerpo había sido una fuente de vergüenza y disgusto;
realizar actividades sin más propósito que disfrutar de la pura
esencia física le había provocado primero nauseas, después
terror y, por último, liberación. Hasta entonces solo se había
sometido al sexo en la cabeza por orden de su madre,
sentándose quieta e incómoda mientras un macho subía por
ella y copulaba excitado con su cuerpo de escarabajo, en
piadosamente infructuosos intentos de procreación.
Con el tiempo, el odio de Lin hacia su madre de Nido se
enfrió poco a poco y se tornó primero desprecio, después
lástima. Su disgusto ante la miseria de Ensenada se unió a
una especie de comprensión. Y entonces su amor de cinco
años con Kinken terminó. Todo comenzó estando en la Plaza
de las Estatuas, comprendiendo que eran empalagosas y mal
ejecutadas, encarnadoras de una cultura ciega hacia sí
misma. Comenzó a ver que Kinken estaba implicado en la
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