Page 291 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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subyugación tanto de Ensenada como de las invisibles
desahuciadas de Kinken; vio una «comunidad» como
mínimo cruel e insensible, y como máximo empeñada en
fomentar deliberadamente la miseria de Ensenada para
mantener su superioridad.
Con sus sacerdotisas, sus orgías, sus industrias, su secreta
dependencia de la economía general de Nueva Crobuzon
(cuya vastedad solía mostrarse públicamente en Kinken
como algo secundario), Lin comprendió que vivía en un
reino insostenible que combinaba la santimonía, la
decadencia, la inseguridad y el esnobismo en un extraño y
neurótico brebaje. Era un parásito.
Se dio cuenta, para su nauseabunda desgracia, que Kinken
era más deshonesto que Ensenada. Pero aquella comprensión
no trajo con ella nostalgia por su patética niñez. No
regresaría a Ensenada. Y si le volvía la espalda al Kinken
como antes lo había hecho con el Aspecto de Insecto, no
habría otro sitio donde ir, salvo el exterior.
De modo que aprendió las señales y se marchó.
Lin nunca fue tan insensata como para pensar que podía
dejar de ser definida por su raza, al menos en lo concerniente
a la ciudad. Y tampoco lo quería. Pero, para ella, dejó de
intentar ser una khepri, como una vez había dejado de
intentar ser un insecto. Por eso le fascinaban sus sentimientos
hacia Ma Francine. No era solo por el hecho de que se
enfrentara al señor Motley, comprendió. Había algo al
respecto de que fuera una khepri la que lo hiciera, robando
sin esfuerzo territorio a aquel hombre vil que la asqueaba.
No pretendía comprender, ni siquiera para sí misma. Se
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