Page 293 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El constructo que había barrido el suelo de David y
Lublamai durante años parecía que por fin estaba cediendo.
Giraba y chirriaba mientras restregaba, se concentraba en
zonas arbitrarias del suelo, y las pulía hasta dejarlas como
joyas. Algunas mañanas tardaba casi una hora en ponerse en
marcha. Se quedaba colgado en bucles del programa, lo que
le hacía repetir sin fin pequeños comportamientos.
Isaac había aprendido a ignorar sus quejidos repetitivos y
neuróticos. Trabajaba con las dos manos a la vez. Con la
izquierda, anotaba sus nociones en forma diagramática. Con
la derecha alimentaba ecuaciones en las entrañas de su
pequeña máquina calculadora mediante las teclas rígidas y
las tarjetas perforadas insertadas en la ranura de programas,
que metía y sacaba a toda velocidad. Solucionaba el mismo
problema con distintos programas, comparando respuestas,
anotando las resmas de números.
Los innumerables libros sobre vuelo que habían llenado
sus estanterías habían sido reemplazados, con la ayuda de
Teparadós, por un número igual de tomos sobre la teoría
unificada de campos y la arcana disciplina de las
matemáticas de crisis.
Después de solo dos semanas de investigación, algo
extraordinario pasaba en la mente de Isaac. La
reconceptualización llegó a él de forma tan sencilla que al
principio no comprendió la escala de su introspección.
Parecía un momento pensativo como tantos otros, en el curso
de un diálogo científico totalmente interior. El sentido del
genio no solía descender sobre Isaac Dan der Grimnebulin
como una fría descarga de luz brillante. Lo que ocurría era
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