Page 294 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 294

que un día, mientras masticaba la punta del lápiz, se producía

            un instante de pensamiento apenas vocalizado en la línea de

            o espera un momento, puede que puedas hacerlo así...

                Le llevó una hora y media comprender que lo que había

            creído  un  modelo  mental  útil  era  algo  mucho  más

            emocionante. Se lanzó a un intento sistemático de demostrar

            que estaba equivocado. Construyó un escenario matemático

            tras otro, con lo que trataba de demoler el primer esbozo de

            sus ecuaciones. Sus intentos de destrucción fracasaron. Su

            álgebra aguantó el embate.

                Le  llevó  dos  días  más  comenzar  a  creer  que  había

            solucionado el problema fundamental de la teoría de crisis.

            Disfrutaba de momentos de euforia, y muchos más de cauto

            nerviosismo.              Estudiaba            sus       libros         a      un       ritmo
            desesperadamente lento, tratando de asegurarse de que no

            había olvidado algún error evidente, que no había replicado

            algún teorema hacía tiempo descartado.


                Pero,  a  pesar  de  todo,  sus  ecuaciones  se  sostenían.
            Aterrado por el orgullo, buscó cualquier alternativa a creer

            lo que cada vez era más evidente: que había solventado el

            problema  de  la  representación  matemática,  de  la

            cuantificación de la energía de crisis.


                Sabía que tenía que hablar de inmediato con sus colegas,

            publicar sus hallazgos como «trabajo en curso» en la Revista
            de Física Filosófica y Taumaturgia, o en Campo Unificado.

            Pero se sentía tan intimidado por lo que había descubierto

            que evitó esa ruta. Se dijo que quería estar seguro. Tenía que

            tomarse algunos días más, alguna semana, puede que un mes

            o dos... Entonces podría publicar. No le diría nada a David

            ni a Lublamai, ni a Lin, lo que era más extraordinario. Isaac



                                                           293
   289   290   291   292   293   294   295   296   297   298   299