Page 295 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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era un charlatán dado a soltar cualquier comentario, ya fuera
científico, social u obsceno que se le pasara por la cabeza.
No era precisamente conocido por su capacidad para guardar
un secreto. Se conocía lo bastante como para reconocerlo,
para comprender lo que significaba: que estaba
profundamente angustiado, y más aún excitado, por lo que
había descubierto.
Revisó el proceso de descubrimiento, de formulación. Se
dio cuenta de que sus avances, sus increíbles saltos teóricos
del último mes, que eclipsaban el trabajo de los cinco años
anteriores, eran una respuesta a preocupaciones prácticas
inmediatas. Había llegado a un callejón sin salida en sus
estudios de la teoría de crisis, hasta que Yagharek apareció
con su encargo. No sabía a qué se debía, pero comprendía
que era con aplicaciones concretas como más avanzaban sus
teorías abstractas. Por tanto, decidió no sumergirse por
completo en hipótesis abstrusas. Seguiría concentrándose en
el problema del vuelo de Yagharek.
No se permitiría pensar en las ramificaciones de su
investigación, al menos en aquella fase. Todo cuanto
descubriera, cada avance, cada idea que tuviera, sería
conducida de vuelta a sus estudios aplicados. Trató de verlo
todo como un medio para devolver a Yagharek a los cielos.
Era difícil (incluso perverso) tratar constantemente de
contener y circunscribir su trabajo. Veía la situación como
una en la que trabajaba por encima de su propio hombro; o,
para ser exactos, se sentía como si intentara investigar por el
rabillo del ojo. Más, por increíble que pareciera, con aquella
disciplina Isaac progresó en la teoría a un ritmo con el que
nunca hubiera podido soñar seis meses atrás.
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