Page 297 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 297
diversas técnicas que le permitirían acceder a la energía de
crisis, le obligaba a reevaluar sus trayectorias, a descartar
algunas y concentrarse en otras.
Comenzó a depender del interés de Yagharek. Si pasaban
demasiados días sin que apareciera el garuda, se distraía.
Gastaba esas horas contemplando al enorme ciempiés.
La criatura llevaba devorando mierda onírica casi dos
semanas, sin parar de crecer. Cuando rebasó el metro de
longitud, Isaac se puso nervioso y dejó de alimentarlo. La
jaula empequeñecía a ojos vista. Aquel sería todo el tamaño
que alcanzara. El gusano había pasado los siguientes dos días
vagando desesperanzado por su pequeña prisión,
olisqueando el aire. Desde entonces parecía haberse
resignado al hecho de que no habría más comida. Su
desesperada hambre original había remitido.
No se movía mucho, solo se desplazaba un poco de vez en
cuando, ondulando una o dos veces por la jaula, estirándose
y bostezando. Por lo general, solo se sentaba y palpitaba
ligeramente, Isaac no sabía si por la respiración, por el
corazón o por cualquier otro motivo. Tenía un aspecto
saludable, como si estuviera esperando.
A veces, al dejar caer los trozos de mierda onírica en las
ansiosas mandíbulas del ciempiés, Isaac se había descubierto
pensando en su propia experiencia con la droga con una débil
y pálida añoranza. No se trataba de una ilusión de nostalgia.
Isaac recordaba de forma vivida la sensación de estar a la
deriva rodeado de inmundicia; de ser mancillado hasta el
nivel más profundo; del mareo desorientador, de la náusea;
de la confusión y el pánico por perderse en un revoltijo de
emociones, en una maraña; de confundir la mente de otro con
296

