Page 315 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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tenía que leer todas las tarjetas que el técnico suministraba a

            la máquina y cargar las instrucciones y la información en el

            sofisticado cerebro de vapor.

                Cuando  hubo  introducido  cada  uno  de  los  programas

            cuidadosamente escogidos en la ranura, todos en su orden

            determinado,  pulsó  una  breve  secuencia  de  botones  en  el

            teclado  numérico  conectado  al  motor  analítico  de  la

            limpiadora.




                Cerró  la  tapa  del  motor  y  volvió  a  sellar  el  cuerpo.

            Reemplazó  los  tornillos  retorcidos  que  sujetaban  la
            compuerta y descansó un instante las manos sobre el cuerpo

            sin vida del constructo. Lo enderezó, lo situó sobre sus patas

            y recogió las herramientas.


                Se acercó al centro de la estancia.

                —Um... disculpe, señor—gritó.

                Se produjo un momento de silencio, antes de que llegara


            desde arriba la voz atronadora de Isaac.

                — ¿Sí?

                — Ya he terminado. No debería dar problemas. Dígale al

            señor Serachin que cargue la caldera un poco y que después

            lo encienda otra vez. Encantador modelo viejo, el EKBW.


                — Sí, estoy seguro —fue la respuesta. Isaac apareció en la
            barandilla—.  ¿Hay  algo  más  que  tenga  que  decirme?  —

            preguntó impaciente.


                —No,  ya  está  todo.  En  una  semana  le  enviaremos  la

            factura al señor Serachin. Adiós.

                —Vale, adiós, muchas gracias.





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