Page 380 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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tiempo es esencial. Le propongo que nos deje contratar
algunas de sus... um... tropas, para ayudarnos a dar con los
fugados.
—No —se limitó a responder el embajador. Rudgutter
parpadeó.
—Ni siquiera hemos discutido las condiciones,
embajador. Le aseguro que puedo realizar una generosa
oferta...
—Me temo que está fuera de toda discusión. No hay nadie
de los míos disponible —el embajador miraba impasible a
Rudgutter.
El alcalde pensó unos instantes. Si el demonio estaba
negociando, lo hacía de un modo inédito hasta ahora.
Rudgutter bajó las defensas y cerró los ojos para pensar,
abriéndolos de inmediato en cuanto percibió el monstruoso
paisaje y vislumbró la segunda forma del embajador. Lo
intentó de nuevo.
—Podría llegar incluso a... digamos...
—No lo entiende, alcalde Rudgutter —replicó el demonio.
Su voz era impávida pero parecía agitada—. No importan las
unidades de mercancía que pueda ofrecernos, ni su
condición. No estamos disponibles para este trabajo. No es
indicado.
Se produjo un largo silencio. Rudgutter escrutó incrédulo
al demonio que tenía enfrente. Empezaba a comprender lo
que sucedía. Bajo los rayos de luz sangrienta, vio al
embajador abrir un cajón y extraer unos papeles.
— Si ha terminado, alcalde Rudgutter —siguió con
suavidad—, tengo trabajo que hacer.
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