Page 383 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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los gritos, en el tono torturado y maníaco que habían oído en
el exterior, el farfullo ruinoso e idiota que parecía ser una
burla del diabólico refinamiento del embajador.
Pensaron en que aquella podía ser la voz genuina.
—Me pregunto si nos equivocamos al pensar en que ellos
tienen un modelo psíquico diferente. Puede que sean
comprensibles. Puede que piensen como nosotros. Y lo
segundo, teniendo en cuenta esa posibilidad, y recordando lo
que el «eco» podría contarnos acerca del estado mental
demoníaco, es que al final, mientras yo intentaba llegar a un
trato, el embajador estaba asustado... Por eso no podía acudir
en nuestro auxilio. Por eso dependemos de nosotros mismos.
Porque los demonios tienen miedo de aquello que
perseguimos.
Rudgutter se detuvo y se volvió hacia sus ayudantes. Los
tres se miraron. Stem-Fulcher torció su gesto durante un
segundo, antes de recuperar la compostura. Rescue era
impasible como una estatua, pero no dejaba de tirar de su
bufanda. Rudgutter asentía pensativo.
Se produjo un minuto de silencio.
—Por tanto... —dijo, apretándose las manos—, que sea la
Tejedora.
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