Page 384 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Aquella misma noche, en las tétricas horas de oscuridad
después de que una breve llovizna cubriera la ciudad de agua
sucia, la puerta del almacén de Isaac se abrió. La calle estaba
vacía. Eran minutos de calma. Los pájaros nocturnos y los
murciélagos eran los únicos que se movían. La luz de gas
parpadeaba trémula.
El constructo rodó a trompicones y salió a la noche. Sus
válvulas y pistones estaban envueltos en retales y jirones de
manta, lo que acallaba el sonido distintivo de su paso. Se
movía a gran velocidad, girando inexacto con toda la
premura que le permitían sus cadenas avejentadas.
Discurrió por las calles, pasando junto a borrachos
dormidos, inconscientes por el alcohol. Las cetrinas
lámparas de gas se reflejaban misteriosas en su abollada piel
metálica.
El constructo se abría camino rápido, precario, bajo los
raíles. Los cirros inconstantes ocultaban las naves aéreas al
acecho, mientras la máquina se dirigía hacia abajo, siguiendo
la línea del Alquitrán, que adoptaba la intrincada forma de
un látigo sobre las atemporales rocas bajo la ciudad.
Y horas después de que desapareciera por encima del
Puente Diáfano al sur de la ciudad, cuando el cielo oscuro
comenzaba a mancharse de amanecer, el constructo volvió a
duras penas a la Ciénaga Brock. Su oportunismo fue fortuito,
pues regresó a la nave y cerró la puerta muy poco antes de
que Isaac volviera de su frenética carrera nocturna en busca
de David, Lin, Yagharek y Lemuel Pigeon, cualquiera que
pudiera ayudarlo.
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