Page 388 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Los dos sabemos que todo pasa a través de ti... Tienes que
conseguirme el nombre del que te dio el ciempiés grande. El
gordo con los colores raros. ¿Sabes cuál te digo?
—Creo que lo recuerdo, sí.
— Bien, genial. —Isaac se calmó un poco. Se pasó la
mano por la cara y lanzó un profundo suspiro—. Lemuel,
necesito que me ayudes —dijo simplemente—. Te pagaré...
Pero también te estoy suplicando. Necesito de verdad que me
ayudes. Mira. — Abrió los ojos y lo miró directamente—.
Ese bicho de mierda puede que se haya muerto, ¿vale? Puede
que sea como un efemeróptero: cojonudo. Puede que Lub se
despierte mañana como una rosa. Y puede que no. Esto es lo
que necesito: uno — contó con sus gruesos dedos—, cómo
despertar a Lub; dos, qué es ese hijo de puta. La única
descripción que tenemos es un poco confusa —miró al draco,
que dormía en una esquina—; y tres, cómo capturar a ese
cabrón.
Lemuel se quedó mirándolo, sin variar su expresión.
Lenta, ostentosamente, sacó una cajita del bolsillo y aspiró
de su interior. Isaac cerró y abrió los puños.
—Vale, Isaac —respondió Lemuel en voz baja, guardando
la pequeña caja enjoyada. Asintió sin prisa—. Veré lo que
puedo hacer. Me mantendré en contacto, pero yo no soy la
beneficencia. Soy un hombre de negocios, y tú un cliente.
Quiero algo por esto. Te voy a cobrar, ¿entiendes?
Isaac asintió fatigado. No había rencor en la voz de
Lemuel, ni brutalidad, ni desprecio. Simplemente estaba
constatando la verdad oculta bajo su bonhomía. Isaac sabía
que, si le convenía no descubrir al suministrador de aquel
gusano peculiar, lo haría sin dudarlo.
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