Page 387 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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con miedo lespejo y después se gira y queda... tonto... y veo...
me quedo tonto y cuando despierto la cosa tiene la lengua
en... en... En mi cabeza lametones y slurpslurp de señor Lub
y... y me largué, no pudecer na, lo juro... qué miedo... —
Teparadós comenzó a llorar como un niño de dos años,
babeando moco y lágrimas por su cara.
Cuando llegó Lemuel Pigeon, Teparadós aún sollozaba.
Ni las palabras amables, ni las amenazas ni los sobornos
conseguían calmar al draco. Al final se fue a dormir,
enroscado en un bulto desdichado lleno de mocos, como un
bebé humano agotado.
—Estoy aquí con falsos pretextos, Isaac. El mensaje que
recibí es que me convenía dejarme caer por tu casa. —
Lemuel lo miró con aire inquisitivo.
—Mierda, Lemuel, maleante de baja estofa —explotó
Isaac—. ¿Es eso lo que te preocupa? Que te folien. Me
aseguraré de que consigas lo tuyo, ¿de acuerdo? ¿Te gusta
así? Y ahora atiende, cabrón: alguien ha sido atacado por
algo que surgió de uno de los gusanos que tú me conseguiste,
y necesitamos detenerlo antes de que ataque a alguien más,
y necesitamos saber qué es, así que tenemos que descubrir de
dónde coño salió, y tenemos que hacerlo cagando hostias.
¿Me sigues, viejo?
Lemuel se sintió intimidado por aquel estallido.
—Mira, no me eches a mí la culpa... —comenzó, antes de
que Isaac lo interrumpiera con un aullido de irritación.
— ¡Me cago en la hostia, Lemuel, nadie te está echando la
culpa, gilipollas! ¡Todo lo contrario! Lo que estoy diciendo
es que eres un comerciante demasiado bueno como para no
llevar anotaciones de todo, y necesito que las compruebes.
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