Page 386 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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— ¿Pero qué le ha hecho esa cosa?

                —Eso mismo, David, eso mismo. Ahí está la pregunta de

            los huevos, ¿no?


                Desde  la  ventana  rota  llegó  un  débil  golpeteo.  Isaac  y

            David alzaron la mirada para ver a Teparadós asomando su
            fea y triste cabeza.


                —Oh,  mierda  —saltó  Isaac  exasperado—.  Mira,

            Teparadós,  este  no  es  precisamente  el  mejor  momento,

            ¿capiche? Más tarde hablamos.

                —Solo vine a ver, jefe... —Teparadós hablaba con una voz

            acobardada completamente ajena a su parloteo exuberante—

            . Quería saber cómostaba Lublub.

                — ¿Qué? —preguntó áspero Isaac, incorporándose—. ¿Y

            eso?


                Teparadós se apartó temeroso y gimió.

                —Yo  no,  señor,  no  culpa  mía...  solo  preguntaba  sistá

            mejor después quese norme bicho comiera la cara...


                — ¿Estabas aquí, Teparadós?

                El  draco  asintió  consternado  y  se  acercó  un  poco,

            equilibrándose sobre el marco de madera.

                — ¿Qué pasó? No estamos enfadados contigo, Teparadós.

            Solo queremos saber qué es lo que viste.


                El  draco  sonrió  y  sacudió  la  cabeza  con  tristeza.

            Lloriqueaba como un niño, retorciendo la cara y escupiendo

            las palabras de forma atropellada.

                —El cabrón llega bajando las escaleras con alas horribles

            que  dejan  tontontaina  abriendo  dientes...  y...  y  todo  con

            garras y esa lengua apestosa... y... y señor Lublub mirando




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