Page 389 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Alcalde  —Eliza  Stem-Fulcher  entró  en  la  Sala

            Lemquist. Rudgutter la miró, inquisitivo, desde su escritorio.

            Ella tiró un delgado periódico frente a él—. Tenemos una

            pista.




                Teparadós se levantó rápidamente al despertar, mientras

            David  e  Isaac  trataban  de  convencerlo  de  que  nadie  le

            consideraba  responsable.  Para  cuando  cayó  la  noche,  una

            horrísona melancolía se había adueñado del almacén de la

            Vía del Remero.

                David introducía una espesa compota de frutas en la boca

            de Lublamai, empujándola suavemente por la garganta. Isaac

            paseaba  sin  rumbo.  Esperaba  que  Lin  regresara  a  casa,

            encontrara la nota que le había dejado en la puerta y fuera
            allí con él. Pensó que, de no haber sido su letra, se lo hubiera

            tomado como una broma pesada. Que Isaac le invitara a su

            casa en el laboratorio no tenía precedentes. Pero necesitaba

            verla, y le preocupaba que, de irse, se perdiera algún cambio

            vital  en  el  estado  de  Lublamai,  pasara  por  alto  alguna

            información indispensable.

                La puerta se abrió, e Isaac y David levantaron la mirada a

            toda prisa.


                Era Yagharek.

                Isaac se sorprendió unos momentos. Era la primera vez

            que Yagharek aparecía mientras David (y Lublamai, claro,

            aunque no contaba en aquel estado) estaban presentes. David

            observó  al  garuda  encogido  bajo  la  manta  sucia,  el

            movimiento de las falsas alas.




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