Page 391 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sus huesos huecos y su carne pelada no eran rival para un
hombre grande.
Pero esa no era la principal razón por la que Isaac se
refrenaba. La tensión entre ellos era de irritación, no de
veneno. Isaac sentía que Yagharek tenía ganas de conocer la
razón de la repentina tensión en el almacén, aunque eso
significara romper la prohibición de ser visto por otros.
Isaac señaló a Lublamai. David miraba vagamente al
garuda. Yagharek lo ignoraba por completo.
—El ciempiés cabrón que te enseñé —dijo Isaac— se
convirtió en algo que le hizo esto a mi amigo. ¿Has visto
alguna vez algo así?
Yagharek negó lentamente con la cabeza.
—Pues ya ves —respondió Isaac apesadumbrado—. Me
temo que hasta que no me encargue de lo que cono sea que
he liberado por la ciudad, y hasta que pueda traer de vuelta a
Lublamai de donde esté, los problemas del vuelo y los
motores de crisis, por emocionantes que sean, pierden gas.
—Me condenas a mi vergüenza... —siseó Yagharek como
rápida respuesta. Isaac lo interrumpió.
— ¡David conoce lo de tu supuesta vergüenza, Yag! —
gritó—. ¡Y no me mires así, así es como trabajo, y es mi
colega, y así es como he conseguido hacer progresos con tu
puto caso!
David miraba con dureza a Isaac.
— ¿Cómo? —susurró—. ¿Motores de crisis...?
Isaac sacudió la cabeza irritado, como si tuviera un
mosquito en el oído.
—He hecho unos progresos en la física de crisis, nada más.
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