Page 394 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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                Las cosas se agitaban en la noche.


                Por la mañana, en las horas anteriores al alba y después de

            que se alzara el sol, se encontraron más cuerpos idiotas. Esta

            vez eran cinco. Dos vagabundos ocultos bajo los puentes de
            Gran Aduja. Un panadero que volvía a casa tras su trabajo en

            la Letrina. Un doctor en la Colina Vaudois. Una barquera

            más allá de la Puerta del Cuervo. Una salpicadura de ataques

            que desfiguraban la ciudad sin patrón alguno. Norte, este,

            oeste, sur. No había barrios seguros.


                Lin durmió mal. Se había sentido conmovida por la nota
            de Isaac, al pensar que había cruzado toda la ciudad solo para

            dejar  un  trozo  de  papel  en su  puerta,  pero  también  sentía

            preocupación. El párrafo tenía un tono histérico, y la súplica

            de  que  acudiera  al  laboratorio  era  tan  impropia  que  le

            asustaba.

                No obstante, hubiera acudido de inmediato de no haber

            regresado tarde a Galantina, demasiado como para viajar. No

            había  estado  trabajando,  pues  la  mañana  anterior  había

            despertado para encontrar una nota debajo de su puerta.




                Inexcusables  negocios  requieren  el  aplazamiento  de  los

            encuentros  hasta  nuevo  aviso.  De  ser  posible,  recibirá

            instrucciones para reanudar las tareas.

                M.




                Se  metió  la  escueta  nota  en  el  bolsillo  y  se  marchó  a

            Kinken,            donde          prosiguió           con        sus        melancólicas

            contemplaciones. Y entonces, con una curiosa sensación de



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