Page 395 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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asombro, como si estuviera observando el desarrollo de su
propia vida y se sorprendiera ante el giro de los
acontecimientos, había marchado hacia el noroeste,
abandonando Kinken hacia Vadoculto, donde tomó el tren.
Había dejado atrás las dos paradas al norte de la línea
Hundida, para ser engullida por las vastas fauces embreadas
de la estación de Perdido. Allí, en la confusión y el vapor
siseante del enorme vestíbulo de la central, donde las cinco
líneas se encontraban como una enorme estrella de hierro y
madera, cambió de tren para tomar la línea Verso.
Se produjo una espera de cinco minutos hasta que se llenó
la caldera en la caverna central de la estación. Tiempo
suficiente para que Lin se mirara incrédula, preguntándose,
en nombre de la Asombrosa Madre del Nido, qué estaba
haciendo. Y quizá en nombre de otros dioses.
Pero no se respondió, sino que se sentó mientras el tren
aguardaba, antes de emprender lentamente su camino y
tomar velocidad, hasta que el traqueteo cobró un ritmo
regular, siendo escupido por uno de los poros de la estación.
Giró al norte, hacia la Espiga, bajo dos juegos de vías
elevadas por encima del achaparrado y bárbaro circo de
Cadnebar. La prosperidad y majestad del Cuervo (la Galería
Sennes, la Casa Fucsia, el Parque de la Gárgola) estaba
cuajada de miseria. Lin observó los pináculos humeantes del
barrio dando paso al Anillo, vio las amplias calles y casas
estucadas de aquella próspera barriada serpentear con
cuidado entre los bloques derruidos en los que las ratas se
multiplicaban.
El tren pasó por la estación del Anillo y se sumergió en el
grueso limo gris del Alquitrán, cruzando el río a escasos
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