Page 397 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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estallar.
Si no había señales... si aquellos pasos eran solo los de los
machos, que vivían allí como las sabandijas que eran, no
como príncipes mimados sin cerebro, sino como bichos que
hedían y comían carroña, si su madre y su hermana se habían
marchado... entonces Lin estaría allí, aguardando sin sentido
en una casa desierta. Su bienvenida al hogar sería ridícula.
Pasó una hora, o más, y volvió la espalda al edificio en
ruinas. Con las patas de su cabeza agitándose y la cabeza de
escarabajo flexionada por los nervios, la confusión y la
soledad, regresó a la estación.
Se había aferrado feroz a su melancolía, deteniéndose en
el Cuervo para gastar parte de la enorme paga de Motley en
libros y comida exótica. Había entrado en una exclusiva
boutique de mujer, provocando las miradas severas de la
encargada hasta que Lin enseñó sus guineas y señaló
imperiosa dos vestidos. Se había tomado su tiempo mientras
le tomaban las medidas, insistiendo en que cada prenda se
ajustara a ella con la misma sensualidad que a las mujeres
humanas para las que estaban diseñadas.
Había comprado los dos trajes, sin una sola palabra de la
encargada, cuya nariz se arrugó al aceptar el dinero de la
khepri.
Había recorrido las calles hasta los Campos Salacus
vistiendo una de sus adquisiciones, una pieza de exquisito
acabado de color azul nube, que oscurecía su piel rojiza. No
estaba segura de si se sentía mejor o peor que antes.
Llevó ese mismo vestido a la mañana siguiente, cuando
cruzó la ciudad para encontrarse con Isaac.
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