Page 400 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El pequeño grupo que había negociado con los vodyanoi
en huelga llegaba preparado. A las diez de la mañana, unos
veinte hombres abandonaron de repente sus puestos, saltaron
las verjas que rodeaban los diques y corrieron hacia los
muelles donde estaban los piquetes, que los recibieron con
una algarabía rayana en la histeria. Los recién llegados
desplegaron sus propias pancartas: « ¡HUMANOS Y
VODYANOI CONTRA LOS PATRONOS!».
Todos se unieron en sus ruidosas soflamas.
A lo largo de las dos horas siguientes, los ánimos se
caldearon. Un grupo de humanos dispuso una
contramanifestación desde dentro de los muros bajos de los
muelles. Gritaban insultos a los vodyanoi, y les llamaban
ranas y sapos. Después se enconaron con los humanos en
huelga, a los que acusaron de traidores a la raza. Les
advertían que los vodyanoi arruinarían a las autoridades
portuarias, haciendo que los salarios humanos se
desplomaran. Uno o dos de ellos llevaban panfletos de las
Tres Plumas.
Entre ellos y los igualmente estridentes huelguistas
humanos se encontraba una gran masa de estibadores
confusos, vacilantes, que iban de un lado a otro, maldiciendo
enfadados. Oían las consignas gritadas desde ambos bandos.
Su número no dejaba de crecer.
En ambas orillas del río, en la propia Arboleda y en el
banco sur de la Muralla Siríaca, las multitudes se
congregaban para observar la confrontación. Unos pocos
hombres y mujeres corrían entre ellos, moviéndose
demasiado rápido como para identificarlos, entregando
panfletos con el logotipo del Renegado Rampante en la parte
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