Page 401 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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superior. Exigían, en un texto de tipografía apretada, que los
estibadores humanos se unieran a los vodyanoi, pues era el
único modo en que se lograría que se aceptaran sus
exigencias. Se pudo ver aquellos papeles circulando entre los
humanos, entregados por personas invisibles.
A medida que avanzaba el día y el aire se calentaba, cada
vez más trabajadores saltaban el muro para unirse a la
protesta junto a los vodyanoi. La contramanifestación
también crecía, en ocasiones a toda prisa; pero, al pasar las
horas, fueron los huelguistas los que más claramente
aumentaron su tamaño.
En el aire flotaba una tensa incertidumbre. La multitud se
expresaba cada vez más, gritando a ambos bandos para que
hicieran algo. Circuló el rumor de que el director de la
autoridad portuaria iba a acudir para negociar; otros
aseguraban que era el propio Rudgutter quien se encargaría
de ello.
Durante todo el tiempo, los vodyanoi del cañón de aire
tallado en el río se encargaban de achicar los derrames.
Algún pez ocasional atravesaba los límites verticales de agua
y caía al suelo sacudiéndose; otras, era algún escombro
medio hundido el que flotaba lentamente hasta la sima. Los
vodyanoi lo devolvían todo. Trabajaban por turnos, nadando
por el agua para reformar la zona superior de las murallas
hídricas. Desde allí, entre el metal arruinado y el limo grueso
que era el lecho del Gran Alquitrán, alentaban a los
huelguistas humanos.
A las tres y media, con el sol ardiendo entre las nubes
ineficaces, se vio acercarse a los muelles a dos naves aéreas
desde el norte y desde el sur.
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