Page 405 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de los presentes entre la multitud (los viejos, los frágiles, los

            alérgicos  y  los  desafortunados)  reaccionaban  a  los

            aguijonazos con brutal violencia biológica y sus corazones

            se detenían.

                Los trajes oscuros de la milicia estaban tejidos con fibras

            de piel de aquellos monstruos flotantes. Los tentáculos no

            podían penetrarlos.

                Las filas de la milicia cargaron contra los espacios abiertos

            donde  se  congregaban  los  piquetes.  Hombres  y  vodyanoi

            blandían las pancartas como garrotes improvisados. Dentro

            de la desordenada masa se producían salvajes escaramuzas,

            ya  que  los  agentes  de  la  milicia  golpeaban  con  porras

            puntiagudas y látigos recubiertos del veneno de las esferas

            de guerra. A seis metros de la línea de confusos e iracundos
            manifestantes, la primera oleada de la milicia uniformada se

            arrodilló y alzó sus escudos de espejo. Desde detrás de ellos

            llegó  el  farfullo  ininteligible  de  un  shunn,  y  después  los

            rápidos  arcos  de  humo  cuando  sus  compañeros  arrojaron

            granadas  de  gas  contra  la  manifestación.  Los  soldados  se

            movían inexorables en aquella nube, respirando a través de

            sus máscaras con filtro.

                Un grupo de oficiales se separó de la cuña principal y bajó

            al río arrojando un tubo siseante tras otro de gas ondulante

            contra el dique de los vodyanoi. El espacio se llenó con el

            croar y los chillidos de los pulmones y la piel ardiendo. Las

            murallas  cuidadosamente  elaboradas  comenzaron  a

            derramarse  y  rezumar  a  medida  que  los  huelguistas  se
            arrojaban  al  río  para  escapar  de  las  horripilantes

            emanaciones.


                Tres soldados echaron rodilla a tierra en el borde mismo



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