Page 404 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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desde las entrañas de las naves destripadas.

                De  la  multitud  llegaron  gemidos  que  se  fracturaban  en

            terror.  La  cohesión  orgánica  se  rompió.  La  gente  huía  en

            todas direcciones, aplastaba a los caídos, recogía a los niños

            y a los amantes y tropezaba con los adoquines y las piedras

            rotas. Trataban de dispersarse por las calles laterales, que se

            extendían  desde  la  orilla  como  una  red  de  grietas.  Pero

            corrían  en  dirección  a  las  esferas  de  guerra,  que  flotaban

            aguardando en la ruta de las callejuelas.

                La  milicia  uniformada  convergió  de  repente  sobre  el

            piquete desde todas las avenidas. Se produjeron más gritos

            aterrados cuando aparecieron oficiales montados sobre los

            monstruosos y bípedos shunn, con los garfios extendidos y

            sus toscas cabezas sin ojos que se balanceaban para sentir su
            camino mediante ecos.


                El aire se inundó con los repentinos gritos ahogados de

            dolor. La turbas tambaleantes se encontraban al doblar las

            esquinas  con  los  tentáculos  de  las  criaturas  flotantes,  y
            aullaban cuando el agente nervioso que impregnaba aquellos

            zarcillos  se  filtraba  por  sus  ropas  y  su  piel  expuesta.  Se

            producían  unas  agónicas  respiraciones  entrecortadas,

            seguidas por la insensibilidad y la parálisis.


                Los  pilotos  de  las  esferas  de  guerra  manipulaban  los

            nódulos  y  las  sinapsis  subcutáneas  que  controlaban  los
            movimientos de las criaturas, que flotaban con una velocidad

            engañosa sobre los tejados de las casuchas y los almacenes

            de la ribera, y derramaban los venenosos apéndices por los

            canales entre los edificios. Tras ellos quedaba un rastro de

            cuerpos  espasmódicos,  con  los  ojos  vidriosos  y  la  boca

            soltando espumarajos por el dolor sordo. Aquí y allá, algunos



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