Page 403 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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metros de diámetro. Cada una de las criaturas disponía de un

            jinete  humano,  visible  en  los  arneses  suturados  a  la  masa

            corpulenta.  Bajo  estos  cuerpos  había  una  espesura  de

            tentáculos  colgantes,  jirones  de  carne  ulcerada  que
            descendían casi quince metros hacia el suelo.


                La  carne  rosada  y  púrpura  de  las  criaturas  latía  con

            regularidad, como si se tratara de corazones palpitantes.

                Aquellos  seres  extraordinarios  descendían  sobre  los

            congregados. Hubo diez segundos en los que aquellos que

            los  contemplaban  estuvieron  demasiado  espantados  para

            hablar, o para creer en lo que veían. Entonces comenzaron

            los gritos: « ¡Esferas de guerra!».




                Cuando  cundió  el  pánico,  algún  reloj  cercano  marcó  la

            hora y varias cosas sucedieron al mismo tiempo.

                A través de la multitud congregada, en la manifestación

            contra  la  huelga  e  incluso  aquí  y  allá  entre  los  propios

            huelguistas,  grupos  de  hombres  (y  algunas  mujeres)

            buscaron rápidamente detrás de su cabeza y, con un violento

            y  rápido  movimiento,  se  cubrieron  la  cara  con  capuchas

            oscuras. No disponían de ojos visibles, ni de orificios para la
            boca; eran totalmente opacas.


                Del vientre de cada una de las naves aéreas, a una distancia

            absurda por su cercanía, surgieron racimos de cuerdas que se

            agitaron y latiguearon al caer hasta el pavimento. Contenían
            a los piquetes, los manifestantes y la turba circundante con

            cuatro pilares de cuerda suspendida, dos a cada lado del río.

            Unas figuras oscuras se deslizaron por ellas con habilidad, a

            velocidad  cegadora,  hasta  llegar  abajo  como  un  constante

            goteo. Tenían el aspecto de coágulos grumosos rezumando


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