Page 484 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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abierto un poco para alcanzar los postigos.
Estaba quieto, mirando fuera.
Magesta Barbile miró por encima del hombro del gigante
hacia un parpadeo de colores nocturnos.
Sus ojos se vidriaron. Su voz se congeló.
Algo batía contra la ventana, tratando de alcanzar la luz.
La doctora se incorporó mientras Lemuel, Isaac y Derkhan
se acercaban a ella preocupados y le preguntaban qué
sucedía, incapaces de comprender sus pequeños gritos.
Levantó la mano temblorosa hasta señalar la figura
paralizada del señor X.
—Oh, Jabber —susurró—. Oh, santo Jabber, me ha
encontrado, me ha paladeado...
Y entonces gañó, girando sobre sus talones.
— ¡El espejo! —gritó—. ¡Mirad al espejo!
Su tono era tenso y totalmente imperativo. La
obedecieron. Hablaba con tal autoridad desesperada que
ninguno sucumbió al instinto de girarse para mirar. Los
cuatro observaban el espejo tras el sofá desvencijado.
Estaban transpuestos.
El señor X trastabillaba hacia atrás con el paso sin mente
de un zombi.
Tras él se produjo un borrón de color. Una forma terrible
se apretó y plisó sobre sí misma para meter los pliegues
orgánicos, las espinas y la masa a través de la pequeña
ventana. Una roma cabeza sin ojos asomó por la abertura y
giró lentamente de un lado a otro. La impresión era la de un
parto imposible. El ser que acechaba a través del marco se
había encogido intrincado, mientras se contraía en
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