Page 627 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El ciego vodyanoi casi se había liberado de las correas de
cuero que lo fijaban a la mujer, cuya mente estaba en manos
de la polilla. Pero, cuando el derecho estaba a punto de soltar
la última hebilla y alejarse volando, la criatura se acercó para
alimentarse.
Rodeó a su presa con sus brazos de insecto y la aferró con
fuerza. Acercó a la mujer hacia sí mientras le metía la lengua
palpitante en la boca y comenzaba a beber los sueños del
manecro. La polilla sorbía con ansia.
Era un jugoso preparado. El residuo de los pensamientos
del anfitrión humano flotaba como el sedimento o los granos
de café en la mente del manecro. La polilla se extendió
alrededor del cuerpo de la mujer, la abrazó y perforó la fofa
carne vodyanoi adosaba a su espalda con los miembros
óseos. El derecho gritó asustado por el dolor repentino, y la
predadora pudo saborear el terror. Quedó confundida por un
instante, sin comprender aquella otra mente que brotaba tan
cerca de su comida. Pero se recuperó y apretó con más
fuerza, dispuesta a cebarse de nuevo una vez hubiera secado
su primer plato.
El cuerpo del vodyanoi estaba atrapado mientras
asesinaban a su pasajero. Bregó y aulló, mas no logró
escapar.
Algo más lejos, tras su hermana saciada, la polilla que
había apresado a la Tejedora restalló su cola tentacular a
través de varias dimensiones. La vasta araña parpadeaba en
el aire a frenética velocidad. Cada vez que aparecía
comenzaba a caer, atrapada por la despiadada gravedad.
Entonces desaparecía hacia otro aspecto, arrastrando la punta
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