Page 628 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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serrada del tentáculo con ella, embebida en su carne. En esa

            otra  dimensión  se  sacudía  para  liberarse  de  su  atacante  y

            reaparecer en el plano mundano, empleando su peso y su

            palanca antes de desaparecer de nuevo.

                La  polilla,  tenaz,  daba  cabriolas  alrededor  de  su  presa,

            negándose a dejarla escapar.

                El  manecro  burócrata  mantenía  un  frenético  y  aterrado

            monólogo. Buscaba a su compañero izquierdo, en el cuerpo

            del joven musculoso.


                muertos todos muertos nuestros camaradas, gritaba. Parte

            de lo que había visto, parte de sus emociones, fluían por el
            canal con la cabeza de su derecho. El cuerpo de la anciana se

            sacudía inquieto.


                El otro izquierdo trataba de conservar la calma. Movía la

            cabeza de un lado a otro, intentando exudar autoridad. Alto,
            ordenó perentorio. Miró por los espejos a las tres polillas: la

            herida, que flotaba a duras penas hacia su nido oculto; la

            hambrienta,  que  devoraba  las  mentes  de  los  manecros

            atrapados; y la combatiente, que seguía sacudiéndose como

            un tiburón, tratando de arrancarle la cabeza a la Tejedora.


                Acercó a su derecho un poco, ataca ahora, pensó hacia su
            compañero,  escupe duro, acaba con dos. persigue a los

            heridos. Entonces giró su cabeza a un lado y a otro, dejando

            escapar un pensamiento angustiado, ¿dónde está la otra?


                La otra, la última polilla que había escapado de las llamas
            de  la  anciana  para  perderse  de  la  vista  con  un  elegante

            picado,  había  descrito  un  amplio  rizo  sobre  los  tejados,

            ascendido de nuevo, volando muy lenta, cambiando el color

            de sus alas para camuflarlas contra las nubes y atacar ahora,

            en  un  repentino  estallido  de  colores  oscuros,  una


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