Page 630 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Tejedora  se  hicieron  visibles  un  instante  y  el  arpón  de  la

            polilla que la atacaba se partió, amputado, y brotó sangre de

            la  cola  del  tentáculo.  Libre  de  la  araña,  que  no  volvió  a

            aparecer, la polilla gritó en silencio y se lanzó a través de la
            noche hacia la pareja de manecros.




                Y, horrorizado, el izquierdo vio cómo la criatura frente a

            él apartaba la vista de su comida, giraba la cabeza sobre su

            hombro y lo apuntaba con sus antenas, en un lento y ominoso

            movimiento.


                Tenía polillas delante y detrás. El derecho, en el cuerpo
            del niño, tembló y aguardó las instrucciones.


                ¡abajo!, gritó el izquierdo con repentino pavor, ¡abajo,

            lejos! ¡misión abortada! ¡solos y condenados, huir, escupir

            y volar!

                Una oleada de pánico desbordó la mente del derecho. El

            rostro del niño se torció aterrado y comenzó a escupir fuego.

            Después se desplomó hacia las piedras supurantes de Nueva

            Crobuzon, hacia su maderamen húmedo y pútrido, como un

            alma arrastrada hacia el Infierno.

                ¡abajo abajo abajo!,  gritaba  el  izquierdo  mientras  las

            polillas saboreaban su rastro de terror con las viles lenguas.

                Las  sombras  nocturnas  de  la  ciudad  se  alzaron  como

            dedos, apresaron a los manecros y los empujaron hacia una

            ciudad sin sol de peligro, de traición mundana, lejos de la

            demente, impenetrable, inenarrable amenaza de las nubes.













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