Page 632 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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convoluciones, las venas y espirales fortuitas de carne que
habían compuesto aquella rapaz totalidad, habían sido
funciones de impensable simetría inhumana, células que se
multiplicaban como números oscuros, ignotos. Sin embargo,
aquella ansiosa forma aleteante de extremidades retorcidas y
deformes, de incompletos segmentos corporales, de
armamento amputado y malparado en la crisálida... era un
monstruo malformado.
Aquella era la polilla a la que Isaac había alimentado con
comida bastarda. La polilla que había saboreado los jugos de
su propia cabeza, mientras yacía trémulo en un viaje de
mierda onírica. Aún ansiaba aquel sabor, parecía, aquella
primera y jugosa intimidad de una sustancia más pura.
Aquel parto contranatural había sido, comprendió Isaac, el
comienzo de todos sus problemas.
—Oh, dulce Jabber—susurró con voz trémula—, por la
Cola del Diablo... Que los dioses me ayuden.
Con una retorcida inyección de polvo industrial, la polilla
aterrizó. Plegó las alas.
Estaba agazapada, la espalda curva y tensa en una postura
de simiesca osadía. Sus brazos crueles (maltrechos, pero aún
poderosos y maliciosos) tenían el ademán asesino de un
cazador. Giró lentamente su cabeza larga y delgada a un lado
y a otro, las antenas de sus cuencas tanteando el aire.
A su alrededor, los constructos realizaban movimientos
apenas perceptibles. La polilla los ignoró a todos. Su boca
tosca, brutal, se abrió para emitir la lengua salaz, que se agitó
como una enorme cinta sobre la concurrencia.
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