Page 633 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Derkhan gimió y la polilla se vio sacudida por un
escalofrío.
Isaac trató de gritar para decirle que se callara, que no
permitiera que la sintiera, pero no podía hablar.
Las ondas de su mente oscilaban como un latido,
sacudiendo la psicosfera del vertedero. La polilla podía
saborearlas, sabía que se trataba del mismo licor mental que
había estado buscando. Los otros jirones que sentía no eran
nada a su lado, migajas junto a un festín.
La bestia, temblando de emoción, dio la espalda a
Yagharek y a Derkhan y se encaró con Isaac. Se incorporó
lentamente sobre cuatro de sus miembros, abrió la boca con
un pequeño siseo infantil y desplegó las alas mesméricas.
Durante un instante, Isaac trató de cerrar los ojos. Una
pequeña parte de su cerebro, cargada de adrenalina, pensó en
varias estrategias de huida.
Pero estaba tan cansado, tan confundido, tan triste y tan
dolido, que actuó demasiado tarde. Extenuado, de forma
poco clara al principio, vio las alas de la criatura.
La cambiante marea de colores se desplegó como un
banco de anémonas y desenredó asombrosa las sombras
hipnóticas. A ambos lados del cuerpo de la polilla, las
tinturas de medianoche, en perfecto reflejo, se deslizaban
como ladronas por los nervios ópticos del científico, bañando
toda su mente.
Isaac vio a la bestia acercarse lentamente hacia él a través
del claro, vio las alas torcidas, perfectamente simétricas,
batir suavemente y bañarlo con su muestra narcótica.
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