Page 634 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Y entonces su mente se deslizó como un cansado volante
mecánico, y no sintió más que una rociada de sueños. Un
espumarajo de memorias, impresiones y lamentos efervesció
desde su interior.
No era como la mierda onírica. No había núcleo de
consciencia que observar y al que aferrarse. Aquellos no eran
sueños invasores. Eran los suyos, y no había un él al que ver
bullir, su misma esencia estaba en la oleada de imágenes, era
el recuerdo y el símbolo. Isaac era la memoria del amor
paterno, las profundas fantasías sexuales y los recuerdos, las
extrañas invenciones neuróticas, los monstruos, las
aventuras, los fallos lógicos de la engrandecida
automemoria; la masa mutante de la inframente triunfante
sobre el raciocinio y la cognición y el reflejo que se extendía
en la terribles y asombrosas descargas interconectadas de
subconsciente y sueño
el sueño
se se detuvo
se detuvo de repente, e Isaac bramó ante el repentino tirón
de la realidad.
Parpadeó fervoroso mientras su mente se depositaba al
instante en sedimentos y el subconsciente caía allá donde
debía estar. Tragó saliva. Su cabeza parecía a punto de
implotar y se reorganizaba en el caos de fragmentos
esparcidos.
Oyó la voz de Derkhan llegando desde el fin de alguna
frase.
— ¡...increíble! —gritaba—. ¿Isaac? Isaac, ¿me oyes?
¿Estás bien?
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