Page 639 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—No vendrán —replicó el hombre—. Son más fuertes y
rápidas, menos crédulas que su hermana deforme. Pueden
percibir que ocurre algo. Solo os saborean a los tres, pero
presienten las vibraciones físicas de todos mis cuerpos. Esa
disparidad las inquieta. No vendrán.
Poco a poco, Derkhan Isaac y Yagharek se relajaron.
Se miraron entre ellos, luego al enjuto avatar. A su lado,
la polilla gañía agónica y moribunda. La ignoraron.
— ¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó Derkhan.
Tras unos minutos, las parpadeantes y funestas sombras
desaparecieron del cielo. En aquel diminuto y desolado retal
de la ciudad, rodeados por el espectro de las fábricas, el peso
de las pesadillas pareció aliviarse durante unas horas.
Exhaustos y afligidos como estaban, Isaac y Derkhan,
incluso Yagharek, se sintieron animados por el triunfo del
Consejo. Isaac se acercó a la polilla moribunda, investigó la
cabeza torturada, sus rasgos indistintos, ilógicos. Derkhan
quería prenderle fuego, destruirla por completo, pero el
avatar no lo permitía. Quería conservar la cabeza del
monstruo, estudiarla en las lentas horas del día, aprender
sobre el interior de la mente de las polillas.
El ser se aferró tenaz a la vida hasta después de las dos de
la mañana, momento en el que expiró con un largo estertor y
un reguero de saliva cítrica. Se produjo una estremecedora
liberación de miseria alienígena reprimida, una onda que se
dispersó rápidamente por el vertedero, mientras los ganglios
empáticos de la criatura recibían a la muerte.
Se produjo una sublime quietud.
En un movimiento sociable, el avatar se sentó junto a los
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