Page 640 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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dos humanos y el garuda. Comenzaron a hablar, intentando
formular planes. Hasta Yagharek participó con callada
emoción. Era un cazador. Sabía tender trampas.
—No podemos hacer nada hasta que no sepamos dónde
están esos bichos —dijo Isaac—. O las buscamos o nos toca
sentarnos y hacer de cebo, esperando que esas hijas de puta
vengan a por nosotros, entre los millones de almas de la
ciudad.
Derkhan y Yagharek asintieron.
—Sé dónde están —respondió el avatar.
Los otros lo miraron atónitos.
—Sé dónde se ocultan. Sé dónde está su nido.
— ¿Cómo? —preguntó Isaac—. ¿Dónde? —cogió el
brazo del avatar por la emoción, antes de retirarlo asustado.
Se había inclinado sobre el rostro del ser, y algo en el espanto
de aquella faz lo sacudió. Podía ver el borde del cráneo
serrado dentro de la piel macilenta, blanquecina, moteada de
residuo sanguinolento. Podía ver el cable atroz hundirse en
el intrincado pliegue al fondo del hueco de donde se había
arrancado el cerebro.
La piel del avatar era seca, rígida y fría, como la carne
colgada.
Aquellos ojos, con su constante expresión concentrada,
con su angustia velada, lo saludaron.
—Todos cuantos me forman han rastreado los ataques. He
cruzado las referencias y los datos de los lugares. He hallado
correlaciones y las he sistematizado. He incluido las pruebas
de las cámaras y las máquinas de computación cuya
información robo, las formas inexplicables en el cielo
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