Page 126 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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de sol, como si él mismo se hubiera convertido en una


             estatua.



                    Todos los días, cuando yo llegaba del campo a casa,

             veía encenderse una fugaz chispa de esperanza en sus

             ojos.



                    —¿Te ha comentado alguien que necesitara nuestra


             ayuda? —me preguntaba.



                    —No            —respondía                  yo,        intentando               sonar

             despreocupado—.  Pero  estoy  convencido  de  que

             cualquier día de estos tendremos un cadáver saltarín.

             Ha pasado demasiado tiempo…




                    Evitaba  mirarlo  mientras  respondía,  porque  no

             quería ver desvanecerse la esperanza de sus ojos.



                    Y entonces un día lo encontré colgado de la gruesa

             viga de su dormitorio. Mientras bajaba el cadáver, con

             el  corazón  entumecido,  pensaba  que  él  no  era  tan


             distinto de aquellos a los que había dado caza durante

             toda su vida: a todos los sustentaba esa magia primitiva

             que nos había abandonado para nunca regresar, y sin la


             cual ni ellos ni él sabían cómo sobrevivir.


                    Empuñé  a  Cola  de  golondrina  y  la  noté  roma  y


             pesada. Yo siempre había pensado que me convertiría



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