Page 128 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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línea  de  tranvía  que  llevaba  a  la  cumbre  del  pico


             Victoria,  el  Pico,  lugar  de  residencia  de  los  amos  de

             Hong Kong y zona vedada a los chinos.



                    Aunque  los  chinos  sí  éramos  suficientemente

             buenos para palear carbón a la caldera y engrasar los

             motores.




                    El vapor me envolvió cuando me agaché para entrar

             en  la  sala  de  máquinas.  Tras  cinco  años,  conocía  el

             retumbar  rítmico  de  los  pistones  y  el  chirrido

             entrecortado de los engranajes tan bien como mi propio


             ritmo cardiaco y respiración. Su cacofonía acompasada

             componía una especie de tonada que me emocionaba

             del mismo modo que lo hacía el sonido de los platillos

             y  los  gongs  al  comienzo  de  las  óperas  tradicionales.


             Verifiqué  la  presión,  apliqué  sellador  en  las  juntas,

             ajusté las pestañas, sustituí los engranajes desgastados

             del mecanismo del cable de seguridad. Me ensimismé


             en el trabajo, que era duro pero gratificante.



                    Para cuando terminé mi turno, ya había oscurecido.

             Salí de la sala de máquinas y contemplé la luna llena en

             el  cielo  mientras  otro  tranvía  hasta  los  topes  era

             arrastrado ladera arriba, impelido por mi motor.




                    «No permitáis que los espíritus chinos os atrapen»,



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