Page 208 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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despertarlo.  Le  repetí  las  mismas  preguntas.  Él  sacudió  la


             cabeza negativamente, negándose a confesar.







                    —Lo único que queremos es hablar con tus amigos —le

             aseguré—. Si son inocentes no les pasará nada. Ni tampoco te

             lo echarán en cara.



                    Él se echó a reír.







                    —Probemos con el banco del tigre —propuso Li.



                    Trajeron un banco estrecho y alargado y lo colocaron con


             uno de los extremos contra una de las columnas del recinto;

             lo sentaron en el banco de modo que tuviera la espalda recta y

             apoyada contra la columna. Le echaron los brazos hacia atrás,


             alrededor  de  la  columna,  y  le  ataron  las  manos.  Luego  le

             sujetaron  los  muslos  y  las  rodillas  contra  la  superficie  del

             banco  con  unas  gruesas  correas  de  cuero.  Finalmente,  le

             ataron los tobillos juntos.








                    —Vamos a ver si las rodillas de los comunistas se puedan

             doblar hacia delante —le dijo Chen.



                    Le levantaron los pies y colocaron un ladrillo debajo de

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